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Hernán González Rodríguez                                

Los colombianos nos aproximamos ya a casi un siglo de gobiernos liberales, contando desde 1930. Nos gobernaron, entre tanto, tan solo seis presidentes conservadores, durante 24 años. Las mayorías liberales no depositaban menos del 60% de los votos en las elecciones durante dicho período.  Pero esto podría estar llegando a su fin por culpa del presidente Santos.  

Complejo negar la entrega de los podres Legislativo y Judicial a las Farc, el permanente deterioro de la política, la moral y la economía como resultado de las traiciones, la corrupción y las mentiras, características del gobierno de Juan Manuel Santos y de sus incompetentes mayorías en el Congreso. Ojalá nos permitan un cambio importante para las elecciones de 2018.

Harto difícil negar la entrega del Poder Legislativo del país a las Farc, por intermedio de la nefasta Comisión de Seguimiento Impulso y Verificación, creada para la implementación del Acuerdo Final del Teatro Colón, a pesar de haber sido rechazado este por el voto mayoritario del pueblo. Como es bien sabido, esta comisión de mayorías castro-chavistas, deberá aprobar previamente toda la legislación que, de ahora en adelante, pretenda ser aprobada por el Congreso.

Harto difícil negar la entrega del Poder Judicial a las Farc, por medio de la Jurisdicción Especial para la Paz -JEP. Esta azarosa entrega se confirma por medio de las declaraciones recientes del Fiscal General, del Procurador y del Consejo de Estado, quienes señalan que la JEP excluye en forma total y sospechosa la Justicia Ordinaria del país y ostenta autoridad sobre esta.  Se teme el nombramiento en la JEP de jueces izquierdistas, extranjeros retorcidos, en plan de venganza contra quienes se opusieron a las Farc en el pasado.

Harto difícil negar que el presidente Santos preconizó al comienzo de su primer mandato la legalización de la cocaína entre los países Latinoamericanos, sin lograr ningún consenso. Pero en el punto cuarto del Acuerdo citado, el relacionado con “La solución al problema de las drogas ilícitas”, se pactó la sustitución voluntaria de los cultivos de uso ilícito, con enfoque de salud pública e intensificación de la lucha contra el narcotráfico.

Observamos todo lo contario. Inició Santos por prohibir la erradicación aérea de los cultivos de coca a sabiendas de que erradicación manual bien poco funciona. Y el país se nos convirtió en un mar de coca. El enfoque de salud pública ostenta miles de niños colombianos drogadictos, enviciados. Y su lucha contra el narcotráfico se ha centrado en conectar este delito con los delitos políticos impunes de rebelión, sedición y asonada. Y para rematar, con la imposibilidad de extraditar a los narcotraficantes y con nuestras Fuerzas Armadas con las manos atadas.   

Harto difícil soslayar la imposibilidad de un país cuyo crecimiento está casi paralizado, para financiar una costosísima y retrógrada Reforma Agraria diseñada y liderada por las Farc.  En esta se comprometió el Gobierno Nacional a construir: Vías terciarias, zonas de riego y drenaje, a electrificar, conectar a Internet, educar, atender la salud, mejorar viviendas… Algo más, les garantizó salarios mínimos a los cultivadores de coca y jubilaciones a incontables colombianos en edad de retiro.

Ante la imposibilidad del país para financiar a cabalidad las promesas del Acuerdo del Colón, no es de soslayar que transcurran el desarme, la desmovilización y la integración a la vida nacional de las Farc, en medio de las protestas y las violaciones continuas a la anhelada paz.  

Publicado en Columnistas Nacionales

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