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Carlos Salas Silva

Hay temores que se encuentran profundamente enraizados en nuestro cerebro y que vienen desde los orígenes del hombre. Hay otros más recientes que también son compartidos por muchos de nuestra especie debido a la posibilidad, aunque muy remota, de un desastre como, por ejemplo, el que causaría un terremoto.

Los hay poco racionales como el que se le tiene a los dinosaurios, así hayan dejado de existir hace millones de años, y a los fantasmas, aunque no existan pruebas confiables de su existencia. Generación tras generación estos temores y muchos más se han ido manteniendo en el inconsciente colectivo como amenazas a nuestra supervivencia.

Lo que constituye la sombra colectiva es la suma de los temores y de la parte oscura que llevamos muy adentro y que no queremos que salga a flote pero que la vemos en los otros. ¿Por qué se genera esa especie de patología colectiva? Considero que una respuesta posible sea la de que así como compartimos ideales, sueños y anhelos, también compartimos nuestro lado oscuro.

En Colombia padecemos en este momento de múltiples fobias debidas a las circunstancias desestabilizadoras para nuestra psiquis generadas por un siniestro manejo del país. Un ejemplo patente es el temor al terrorismo que se ha ido mutando luego de la reducción de los ataques de las FARC debido a las conversaciones en La Habana y la posterior firma de un acuerdo. Hace unos años, los colombianos hicimos un ritual colectivo para exorcizar esa fobia tan arraigada cuando decidimos marchar contra las FARC. Eso fue liberador pero como la amenaza persistía la fobia sufrió una mutación y apareció con otras caras. Fobia al comunismo, por ejemplo, que se acrecentó con el temor de que ese cáncer, que se apoderó de buena parte de nuestra región y especialmente del país hermano de Venezuela con el que tenemos una inmensa frontera, hiciera metástasis en Colombia.

Cuando una persona le teme a las alturas, así este en una planicie, cargará con su fobia y lo puede atacar en los sueños o en su imaginación. Nada que hace, las alturas existen y seguirán existiendo, pero lo que si se puede es vencer el miedo y afrontar la situación. Cuando los carteles tenebrosos de la droga decidieron colocar bombas en lugares concurridos de las grandes ciudades, el temor a caer en una de ellas o, lo que era peor que algún ser querido fuera la victima, creo una fobia colectiva que tardó muchos años en que se apaciguara. Pero ese trauma quedó arraigado en el inconsciente colectivo. Ya los terroristas, o el mismo presidente, con solo mencionar la posibilidad de un carro bomba saben que sacarán a la superficie ese temor ejerciendo un terrorismo pasivo.

La fobia al terrorismo va unida estrechamente a la fobia al comunismo. Lo ocurrido en los cien años de su aparición dejó graves secuelas. Cientos de millones de muertos fue el resultado de ese terrorífico experimento al que estuvo expuesto más de la mitad de la población mundial. Entre la Unión Soviética y China ya hacían ese porcentaje y la otra mitad vivió con el espectro del comunismo. Nadie en el mundo escapó de la sombra de ese ogro que, como en los cuentos infantiles, en cualquier momento podría devorarlos.

Múltiples temores persisten en el inconsciente colectivo con respecto al comunismo que ahora tiene en la mira a nuestro país: la pérdida de las libertades y de nuestros bienes; la tiranía y el poder en manos de unos pocos miembros del partido comunista; la traición y la delación; la persecución y la cárcel, la expropiación, la abolición de la libertad de expresión y el monopolio de la comunicación en manos del Estado, la desaparición de los partidos políticos y el fin de la democracia, la justicia arrodillada y prostituida, las restricciones en la educación y el lavado de cerebro a nuestros hijos, el terror y el asesinato en masa, la represión masiva y la tortura, la toma de rehenes y las ejecuciones, etc., etc. Con todo eso ¿cómo no sufrir de esa inmanejable fobia al comunismo?

Pero aunque existe ese peligro, y es real, hay que mirarlo con una mente clara. Tenemos que vencer la fobia para reconocer al verdadero enemigo y poder enfrentarlo. Que al interior del Centro Democrático se presenten  enfrentamientos, cuando pasamos por el momento más difícil de nuestra historia, es hacerle el juego al enemigo con el peligro de terminar perdiendo la última oportunidad de salvar al país del comunismo que está ahí, en el maldito acuerdo final que solo espera su implementación.

Publicado en Columnistas Nacionales

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