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Eduardo Mackenzie     

Un consejo a Libardo Botero antes de responder a su comentario de ayer: no es bueno entrar en polémicas, sobre todo con sus copartidarios, cuando se está preso de sentimientos tan negativos como la ira. Ello impide la reflexión. Es mejor escuchar de buena fe al contradictor y debatir útilmente.

1.- El tono colérico que impregna el texto de Libardo contra mí por haber criticado al senador Iván Duque y por haber firmado una carta abierta con otros trece distinguidos periodistas y analistas políticos, donde intentamos llamar la atención sobre ciertas carencias de la estrategia del Centro Democrático, muestra que nos falta, lamentablemente, a nosotros, miembros y militantes del CD, una verdadera cultura del debate democrático interno.

En la etapa actual, cuando los intereses superiores de Colombia están en peligro, el CD debe aprender a tolerar las diferencias y matices políticos, a tratarlos con inteligencia y con un espíritu de verdad. El CD vencerá a los enemigos totalitarios de Colombia si es consciente de sus propios límites y si es capaz de adoptar los correctivos necesarios. Tratar, por el contrario, a sus críticos leales con arrogancia y mostrarlos como adversarios no es aconsejable para un partido que juega un papel central en la defensa del sistema democrático de Colombia.

2.- Libardo Botero está en su derecho de no compartir la carta de los 14. Sin embargo, él no está lejos de compartir nuestras preocupaciones. En un artículo, escrito un día después del nuestro, donde invita a “demoler la dictadura Santos-Farc”, el insiste en la conformación de un “amplio frente republicano” que actúe no sólo ante las elecciones de 2018 sino que encare, también, “las distintas batallas que demande la resistencia civil”. Estoy muy de acuerdo con ese planteamiento. El documento de los 14, que Libardo califica de “diatriba”, apunta precisamente en esa dirección y objeta el hecho de que tal frente, o alianza, no haya sido propuesto hasta el momento. Para nosotros la ausencia de tal línea es un error que el CD debe corregir lo antes posible. El momento lo exige y exige profundizar y generalizar la protesta pacífica ciudadana. Libardo habría podido ver eso pero no lo vio.

3.- Colombia no está exactamente en la misma fase de caos y desmadre total que vive Venezuela. Sin embargo, hay entre nuestros dos países algo común. La dictadura de Maduro utiliza la violencia oficial y la violencia asocial para crear división y desmovilización y para ejercer un poder sin límites. A pesar del fracaso total del modelo chavista, los ciudadanos del hermano país se ven privados de todo recurso legal para deponer esa dictadura. ¿Podemos esperar a que Colombia alcance esa misma fase de impotencia?  Colombia no vive todavía el caos creado por el castrismo, pero va para allá. El plan de las Farc no es otra cosa. Santos trabaja para eso y su autoritarismo (lo que llaman “poderes especiales”) crece todos los días. Las mayorías colombianas no ven cómo parar la maquinaria infernal que echaron a rodar Santos y las Farc.

Los electores rechazaron los acuerdos de Santos con las Farc en el plebiscito del 2 de octubre, pero Santos pasó por encima de la nación y de las urnas. La respuesta de la oposición a ese asalto dictatorial no ha estado a la altura. Las mayorías, y los partidos de oposición, no suficientemente movilizados, se sienten --como ocurre en Venezuela--, privados de todo recurso legal para sacudirse el infame régimen. Los verdugos del hermano país son los mismos que tenemos en Colombia. Y sus métodos son idénticos, aunque haya, por ahora, un desfase en los dos procesos subversivos. A Cuba le tomó entre 15 y 17 años para controlar y destruir a Venezuela, mediante golpes de mano y 14 elecciones fraudulentas. Cuba quiere hacer lo mismo con Colombia, pero en menos tiempo. Con la ayuda de Santos ese asalto al poder quieren hacerlo en solo seis años.  ¿Les daremos esa oportunidad? ¿Los que sueñan con las elecciones de 2018 creen que con eso tomarán por sorpresa y pararán la maquinaria Farc-cubana?

La carta del 29 de diciembre aborda ese tema y solo eso. Libardo se equivoca al atribuirle otros objetivos a ese texto. La cuestión es: ¿podemos discutir estas cosas en el CD? Yo espero que la dirección del CD asuma una posición diferente a la de Libardo, quien parece ver en las voces críticas un inconveniente y no el privilegio de un partido moderno.

4.- Deploro que Libardo defienda a Iván Duque a priori, sin dominar los elementos del problema. El admite que no había escuchado siquiera las declaraciones del senador en La Hora de la Verdad que yo me permití glosar. Sin verificar eso se indignó por lo que escribí. Al respecto solo puedo decir esto: no retiro una sola palabra. Pues lo que allí dije es exacto: en el diálogo con nuestro admirable Fernando Londoño, Duque “jamás abordó, ni evocó siquiera, el problema principal de Colombia: el tremendo peligro que representan  para el país las nuevas facultades del poder santista, los pactos de éste con las Farc y, sobre todo, la implementación en 2017 de la trasferencia de poderes prevista en los textos redactados en La Habana, y sus devastadores efectos sobre las instituciones, la economía, la justicia, la sociedad civil y las libertades del país.” ¿Cómo un “precandidato” del uribismo pudo esquivar esa temática?

La entrevista no era para que Duque mostrara su “amplio bagaje” económico sino para que diera su “visión del país” en su calidad de precandidato.  Duque tuvo una hora y media para hacerlo pero no lo hizo. Libardo no logra demostrar lo contrario.

5.- Me asombra ver a mi amigo Libardo Botero, con quien comparto miles de cosas de la política y de la cultura, haciendo la defensa del santismo. Es la primera vez que lo hace. El asegura que “en ningún momento corresponde a una estrategia del santismo (…) decidir ‘quién es el buen uribista y el mal uribista’”. ¿De dónde viene tal certeza? Que los congresistas, en gesto un poco cándido e infantil, designen cual fue el mejor de ellos en un año, carece de importancia –sobre todo viendo las calidades del actual Congreso--.  En cambio, cuando la revista campeona del anti uribismo elogia a un senador uribista y lo proyecta como presidenciable “de centro”, eso sí es significativo, pues su objetivo es político, no periodístico, y ese acto no puede ser gratuito.

6.- Noto que Libardo adopta una posición ambigua frente al asunto George Soros. Parece no creer que Soros preconiza, entre otras bellezas, la legalización de las drogas.  Libardo trata de minimizar el hecho de que un líder uribista tenga lazos con la organización del multimillonario americano.  No le molesta que Iván Duque haya escrito un elogio de ese personaje. Libardo dice saber que “medio mundo ha tenido ese tipo de relación con fundaciones como la citada [Open Society]”.  ¿Verdad? Primera noticia. Pregunta: ¿Y eso ocurre también en el Centro Democrático?  ¿En nuestro querido partido hay “medio mundo” con entradas al universo de Soros?

Creo que Libardo tiene mucho que contar al respecto, pues si Soros es tan fuerte en Colombia y/o en el CD, los electores deberíamos saberlo.  No saber lo que hace Open Society no es buena cosa para el CD.  Si a Soros, como dice Duque, y repite Libardo, le “interesan las instituciones democráticas y la libre empresa”, lo cual no es cierto, él no habría apoyado el plan Farc-Santos. 

Soros es un multimillonario que detesta a Israel y que favorece con cañonazos de dólares a cuanto grupo radical y fanático existe en el mundo: castristas, lulistas, chavistas, palestinos, anti sionistas y ultra globalistas. El acusa a los judíos que no están con él de ser “antisemitas”.  Soros derrama dinero en las organizaciones marginales de la izquierda. El ayudó a radicalizar el Partido Demócrata y lo que logró fue debilitarlo. Soros dio dinero a manos rotas para que Bush fuera derrotado en 2004 y perdió. Ha invertido millones para fanatizar a cierto electorado durante la más reciente campaña presidencial y lo logró. Financió escaladas radicales contra los candidatos Trump y Cruz para favorecer a Hillary Clinton. Dijo que si ganaba Trump él se iría al infierno. Sus esfuerzos fueron inútiles. Trump y el Partido Republicano ganaron en forma brillante la presidencia y las dos cámaras legislativas. Ahora algunos le pasan la cuenta a Soros por la derrota del Partido Demócrata que él quiso convertir en su juguete. Daniel Greenfield, un periodista y escritor de Nueva York, afirma que Soros “trató de controlar un país que no comprende”.

Si Iván Duque no nos cuenta qué compromisos tiene con la organización de George Soros tendrá que soportar las críticas de quienes saben qué hace esa gente y qué le espera a Colombia si seguimos dormidos ante esa plataforma.

7.- Libardo, en su artículo del 30 de diciembre, reveló algo que no se puede soslayar. “Algunos [en el Centro Democrático], echando por la borda la positiva experiencia de las elecciones de 2014 y desconociendo la crítica situación que vivimos, proponen que las listas sean abiertas y no cerradas. Y para colmo se rumora -ojalá no sea cierto- que el ex presidente Uribe podría dejar de encabezar la lista al Congreso.” La última frase no es precisa pero lo que anuncia es inquietante: hay gente que quiere abrir las listas del CD a otras corrientes y que cese el papel dirigente y protagónico del ex presidente Álvaro Uribe en el Congreso y en la vida política del país.  ¿Quién quiere marginar a Uribe? ¿Dejaremos que eso ocurra? ¿Tiene algo que ver esto con el activismo de Semana?

Tenemos que ser exigentes con los que se autodefinen como “precandidatos” del CD. Si aspiran a esa posición deben aceptar que los periodistas informemos y analicemos lo que dicen y hacen.  Luego dejen de llorar y de hablar de “propaganda negra” cuando alguien emite una crítica o pide explicaciones. ¡Más transparencia, señores!

8.- Libardo Botero pretende fustigar al periodista Ricardo Puentes Melo por haber éste criticado ciertas actitudes de Iván Duque y, sobre todo, por el intento del senador de hacer pasar la doctrina de George Soros como algo compatible con los valores del uribismo. Ricardo tiene una trayectoria de combate periodístico admirable. Él vive en el exilio pues el gobierno de Santos decidió hacerle la vida imposible, a él y a su familia. Ver a Libardo sumándose a la jauría que persigue a Puentes al decir que él ha “calumniado” a Duque, extremo que falta probar, es algo que no se puede permitir. Deploro que Libardo se deslice hacia tal pantano al hacer la defensa de Iván Duque. ¿Dónde estaban estos críticos cuando Ricardo Puentes afrontaba peligros en Bogotá para descubrir los elementos capitales que permitieron la absolución del Coronel Plazas Vega, como que en el Palacio de Justicia no hubo desaparecidos, salvo un caso, y que un testigo clave de la acusación nunca había declarado contra el Coronel Plazas, sin olvidar el descubrimiento del papel del M-19 en ese falso proceso? Más respeto por Ricardo Puentes mi querido Libardo.

9.-  Espero Libardo que esta respuesta sea publicada integralmente en tu revista Debate.

Publicado en Columnistas Nacionales

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