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Hernán González Rodríguez       

Destaco, entre los acontecimientos registrados durante 2016 y que pueden llegar a tener funestas repercusiones internacionales en los próximos años:  El retiro de Gran Bretaña de la Unión Europea tras el referendo del Brexit, porque puede ser el inicio del fin de la UE. La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos bien puede llegar a afectar tanto la paz como la economía a nivel mundial. Las tragedias de una Siria y de una Venezuela abandonadas por una ONU incompetente. El intervencionismo ruso en Siria. Las dudas crecientes sobre la globalización y el resurgimiento del nacionalismo, del autoritarismo y de las ideologías de género. 

Entre los acontecimientos nacionales registrados durante 2016, también con graves repercusiones para Colombia en los años venideros destaco:  El autoritarismo innecesario de la coalición de los partidos mayoritarios que gobiernan hoy en Colombia para firmar una paz que considero será inestable y efímera.  La sumisión de nuestra Justicia y en especial de nuestras Altas Cortes al gobierno del presidente Santos, sumisión indigna que abrió las puertas para que gobiernos futuros ‘hagan lo que les dé la gana’ con el país. El premio Nobel de Paz que le otorgaron al presidente por sus buenas intenciones para lograr la paz -no por sus realizaciones- tan solo ha servido para desorientar a la comunidad internacional sobre nuestra connivencia intencional con el narcotráfico y la minería ilegal.

Los consensos existentes hoy entre los poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial del país, sobre el fast track, paralizaron la creatividad y la iniciativa, en momentos en que la argumentación profunda resultaba inevitable, indispensable y bienvenida para asegurarnos la supervivencia de nuestra democracia.   

Los colombianos anhelábamos la paz, ciertamente, pero la solución del gobierno del presidente Santos radicó en conformar una coalición con suficiente poder para definirle a Colombia lo que les resultaba mejor en opinión precipitada de sus aliados.

En lugar de concentrar el poder para poner bajo su arbitrio más del 70 por ciento de los ciudadanos que, de acuerdo con todas las encuestas, discrepan de su forma de gobernar, debió haber aceptado, tras su fracaso en el plebiscito del dos de octubre pasado, que el pueblo estaba más capacitado para decidir lo que resulta mejor para sus hijos y nietos.

El presidente Santos y sus aliados en el Congreso y en las Cortes no parecen haberse dado cuenta de que en las 310 páginas del Acuerdo del Teatro Colón abundan las puertas abiertas para que a Colombia la gobiernen los marxistas leninistas de las Farc. No se dieron cuenta de que aquí hay una clase de ciudadanos tan imposibles de redimir como prestos a votar por los populismos.

Mi conclusión: El 2016 no fue un buen año para Colombia ni en lo político, ni en lo institucional, ni en lo económico, ni en lo social. 

Publicado en Columnistas Nacionales

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