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Pedro Aja Castaño                                 

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de la primera. Alexander Pope (1688-1744) Poeta inglés.

Frente al mentiroso, no importa qué tan hábil pueda ser, la realidad siempre tiene el desagradable hábito de enfrentarlo con lo inesperado. Por otra parte, si bien es cierto que el mentiroso sabe lo que la gente quiere oír sobre la paz, y ha preparado su historia para el consumo público, se engaña pensando que si lo que dice no entra en contradicción con la ‘verdad’ jurídica, todo le saldrá bien; se olvida que la verdad tiene su manera caprichosa de volverse más atractiva para la razón que no está en las leyes, pero sí en el sentir de la gente honesta. Claro que el peligro del sentir es que puede ser también satisfecho por la ventriloquía del populismo en cuyo caso hay que desenmascarar al verdadero manipulador.

Bajo circunstancias normales el mentiroso es derrotado por la realidad, para lo cual no hay sustituto.  No importa cuán grande sea el tejido de falsedades que un mentiroso experimentado tenga para ofrecer, nunca será lo suficientemente grande, aunque reclame la ayuda de computadoras, para cubrir la inmensidad de la los hechos concretos y sutiles de la vida. El mentiroso, que puede escapar con cualquier número de falsedades individuales, le será imposible tener éxito con la mentira como principio.

Puede pagarle al profesional de las bromas y caricaturas para que la gente olvide la mentira porque experimenta la seducción de la risa; pero no puede evitar falsificar y ser pillado  porque el delito ejerce atractivo en el alma corrompida; suplantará la ley con argucias, pero la verdad tiene su fuerza de gravedad  frente a la falsa  prueba de icopor; ama el mentiroso la conspiración, pero en público la desacredita; sabe estimular la trampa de las falsas confidencias en medio de los whiskies de sus ingenuos allegados, para  crear así  la tendencia de la mentira social aceptada como juego de poder; sus  mentiras piadosas llevan el veneno de las falsas lesiones del fútbol y para sus estafas de prestigio cuenta con su amante preferida, la psiquis ingenua de los anhelantes. Pero el mentiroso olvida que su madre, la mentira, tiene su propio espíritu y estilo que no puede imitar la luz de la verdad.

La única limitación del mentiroso es cuando descubre que las mismas personas que tal vez pueden ser "manipuladas" para cooperar en cierto tipo de paz conveniente no pueden ser manipuladas -aunque, por supuesto, pueden ser forzadas por los diferentes estilos del terror-  para "comprar" opiniones y puntos de vista políticos que sustituyen el compromiso con la verdad. Por lo tanto, la premisa psicológica que se impone en el juego  político es que solamente es válida  aquella mercancía que se vende en el mercado de opiniones comunes y aprendidas; es decir, el marcado político ha sustituido la verdad que necesita consumirse para satisfacción de los diferentes apetitos. Esa premisa está destinada al fracaso.

Por los andurriales de un cierto país el presidente puede ser la víctima de las filtraciones convenientes de la verdad por parte de sus múltiples asesores y se puede encontrar como comandante en jefe de una guerra que no entiende, porque todos quieren acabarla pero, nadie quiere asumir los errores del proceso por lo que tiene que llevarse adelante en la modalidad de guerra fría en la familia. Esto, por supuesto, sólo puede ocurrir si el poder ejecutivo se ha distanciado del contacto con los poderes legislativos del Congreso, o el sentir mayoritario de la gente honesta; es el resultado lógico en un sistema democrático   cuando el Senado se le priva de sus facultades para participar y asesorar en la conducción de los asuntos de seguridad guiado por la constitución, o es renuente a ejercer esa facultad debido a la mermelada.

Obliga así el mentiroso al Senado a dañar una de sus funciones esenciales, como es proteger el proceso de toma de decisiones contra los estados de ánimo transitorios, las tendencias de la sociedad de consumo de ilusiones políticas, o los escenarios imaginados por los especialistas. 

Una situación deseada fue el triunfo del sí, y frente a esa posibilidad se tejieron ‘opciones’ para un escenario presidencial favorable a las Farc imaginado en el 2018, con la solución jurídica que lo facultaba, la estrategia neutralizadora de la oposición y su manejo excluyente en las elecciones. La falacia de tal presentación en los círculos esotéricos del poder comienza con forzar ese escenario a partir de dilemas mutuamente excluyentes, pues la realidad nunca se nos presenta con algo tan limpio como premisas para hacer de la realidad una conclusión lógica. Por eso el Presidente llegó a imaginar que pueda existir un Acuerdo Infalible. El tipo de pensamiento político que presenta A y C como indeseables, por lo tanto se instala en B, apenas si sirve para el propósito de desviar la mente y aplastar el juicio frente a la multitud de posibilidades reales de implementación de una paz real.

En relación con el Nuevo Acuerdo Final que supuestamente debería haber honrado los resultados del plebiscito no sólo el pueblo y sus representantes no tuvieron acceso a lo que deberían saber para formarse una opinión y tomar decisiones, sino también los actores legislativos, que deberían tener la máxima autorización para conocer todos los hechos pertinentes, permanecen neutralizados. Y esto es así no porque alguna mano invisible los desvíe deliberadamente, sino porque trabajan bajo circunstancias y con hábitos mentales que no les permiten ni tiempo ni inclinación para buscar los hechos pertinentes para una paz real, sino que prefieren masticar documentos y pelear.

Los misterios de los verdaderos intereses han confundido tanto las mentes de los involucrados que ya no conocen ni recuerdan la verdad detrás de sus ocultaciones y mentiras para que cualquier estupidez se diga, con tal de eliminar esa verdad, como que seis millones de personas fueron engañadas. Porque el problema de mentir y engañar es que su eficacia depende enteramente de una noción clara de la verdad que el mentiroso y engañador desea esconder y no puede. En este sentido, la verdad, aunque no prevalezca en público o en los medios de comunicación, posee una primacía indestructible en la mente y el corazón de las personas sobre todas las falsedades; y esa verdad sale en los votos. Y la verdad es esta: ¿Cómo puede haber reconciliación, justicia REAL, perdón, paz estable y duradera, si todo el andamiaje montado es para que las Farc tengan la oportunidad de llegar al poder como si el comunismo fuera la panacea universal?

Publicado en Columnistas Nacionales

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