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Juan David Escobar V.                                         

En 1.911 fue publicado el tratado sobre intriga política llamado en inglés “Thick Black Theory” de Li Zongwu, un político y académico chino que sugiere que el líder no tiene que ser un faro moral sino eficaz, sin importar el modo y los medios, pues la moral es un lastre y es más práctico ser astuto y “despreocupado”. Esta teoría se funda en un viejo adagio y práctica cultural china que propone que para el éxito en los negocios, la política, la guerra, o donde se pueda, hay que tener “cara dura y corazón oscuro”. Por eso no extraña que Mao haya sido un lector de Li Zongwu y alguien de la calle lo haya leído también.

Esta tradición de hacer las cosas sin importar los medios ha servido de base para explicar la práctica de todavía algunos fabricantes chinos a quienes no les importa vender leche en polvo envenenada o productos de pésima calidad con apariencia de buenos, que al poco tiempo evidencian que son un fraude, lo que Paul Midler denominó el “desvanecimiento de la calidad” en su libro “Poorly Made in China”.

Es lógico que para un país como China, acostumbrado por la fuerza a la miseria gracias a las “virtudes” del comunismo, cualquier cosa es mejor que nada. Si ahora pueden tener un ventilador que parece bueno el día de la compra pero al poco tiempo no funciona o una de sus aspas salta en la cara de alguien, no importa, tienen ventilador.

En Colombia a estos los llamamos chambones, piratas y estafadores. Pues ese es el nombre para lo que sucedió con el golpe de Estado de la semana anterior que aprobó de forma expedita el nefasto acuerdo de impunipaz con los ahora “honorables” terroristas.

Después de toda la desfachatez y cinismo que vimos de parte de algunos defensores del proceso de impunipaz, creí que nada podría sorprenderme pero no fue así. Resultó aterrador ver a políticos, periodistas y académicos diciendo que cómo se les ocurría a los opositores del “nuevo” acuerdo de impunipaz atreverse a objetar, revisar y criticar la maquillada versión del primer nefasto borrador que fue derrotado en las urnas. Que dejaran de ser cositeros, que no pusieran pereque, que había que firmar sin ver, que no jodieran tanto. Son como esos vendedores de carros viejos que los muestran de noche y rapidito para que no veas lo malo y luego acosan: no mire, no pregunte, no moleste y aproveche esta “oportunidad única”.

Los acostumbrados a la mediocridad o los cómplices de aquellos que saben que son estafadores, pretenden que los demás asumamos su enano nivel moral, nos agachemos para que ellos no se vean tan miserables y compremos sin ver una paz “made in China”. Y si eso no es suficiente, para eso está Santrich amenazando que si no le firmamos rapidito, ellos tendrán “que regresar al monte a combatir”.

El Colombiano, Medellín, 05 de diciembre de 2016

Publicado en Columnistas Nacionales

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