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Pedro Aja Castaño                                

La ambigüedad en política no es armonía, por el contrario, es un mar de equívocos, de vaguedades, paradojas, contradicciones. Eduardo Muñoz Serpa

Cuando Adán era chiquito, inocente y obediente, Dios le regaló un ornitorrinco de mascota y le dijo: “Si llegas a entenderlo, no tendrás problemas cuando seas adulto.” De alguna forma el niño intuyó que el Buen Dios se refería a él, no al ornitorrinco. Adán se preguntó entonces cómo sería ‘ser adulto’ para comprender mejor a su ‘parche existencial’; es decir, a sí mismo. Como no tenía pareja, es decir, ese espejo especial, independiente, en el que nos deleitamos y cuestionamos; por el que amamos y sufrimos, con el que hablamos; en fin, que nos enseña tantas cosas, el niño se dedicó a observar su compañero que en nada se parecía a los otros animales, aunque sí tenía rasgos similares con el pato, la nutria, los peces, pues observó que olfateaba bajo el agua; la culebra (porque ponía huevos y podía ser venenoso) , detectaba a su pequeñas presas mediante sensores eléctricos; y su piel, esa asombrosa piel, a veces se parecía al copete de Trump que, decían los entendidos, se asemejaba al de un faisán dorado que se pavoneaba al otro lado del paraíso. Pero, nada que se parecía a él, inocente Adán.

Ya de adulto, cuando Dios en su infinita comprensión determinó que no era bueno que Adán estuviera solo y le presentó a Eva, surgida de una anestesia milagrosa de su costilla, le preguntó a su admirada y sabia compañera su opinión sobre Orni. Ella, pensando en su belleza, en su peculiar interioridad y en que no quería competencia, le dijo: “Se me hace ambiguo.” Adán no comprendió. Ese era el propósito de Eva, que no comprendiera. Y esa fue su primera operación sicológica de dominio, como en la política. Fue entonces Adán donde su Gurú, no a Dios, y le preguntó qué era la ambigüedad. Con una sonrisa, le dio una palmada en la espalda y le dijo: “La ambigüedad eres tú.” Recordó entonces Adán lo que el Buen Dios le había dicho de niño. Pero… ¿qué podía hacer si su alma era tan ambigua como un ornitorrinco? ¿Era por eso que tanto le gustaba Perry, el ornitorrinco, su comic favorito que, haciendo de agente secreto se asemeja a un ser humano cuando lo atrapan con la carnada DICESE? El código operativo predilecto del espía es, DICESE, que lo describe y engancha todo: Dinero – Ideología – Coerción /Compromiso – Sexo – Engaño / Ego. Combine usted entonces ESPÍA Y POLÍTICO y tiene el binomio perfecto para una operación de alto vuelo. DÍCESE entonces de La Habana que hay que preguntarle al G2 para entender cómo semejante engendro es posible.

Quizá nos ayuden a partir de su ‘Manual de Operaciones de Captación de Personal Especial’: “El sujeto del caso que puede ser un espía, negociador, inspirador, puede estar motivado por un – resentimiento ideológico, social o existencial, contra su país o una figura, por alguna injusticia percibida, como por ejemplo falta de reconocimiento o apreciación inadecuada, falta de promoción, pago insuficiente. O cualquier número de otros desaires personales percibidos. Como resultado, el espía, negociador, inspirador, busca la venganza mediante la participación en algo cuestionable. Una dosis constante de medios negativos puede alimentar permanentemente el descontento original.”

Congraciarse. “El sujeto puede está motivado por el deseo de complacer a otra persona. Aunque parecería improbable que un individuo se atreva a actuar contra su país simplemente para complacer a otra persona, puede ser un factor contribuyente en esa decisión. Por ejemplo, si un espía está ideológicamente motivado, puede trabajar especialmente duro para complacer a su manejador en un esfuerzo por demostrar su compromiso con la causa. La gratitud también puede jugar un papel al explotar lazos genuinos de afecto. En otros funciona el sentimiento de excitación que con- lleva hacer algo en contra de lo convencional. Da un sentido de superioridad que puede remplazar la baja autoestima.”

Esa historia se la conté a mi sobrino estudiante de ciencias políticas el día que me confesó sus cuitas amorosas cuyos peligros yo comparé con la política y el asumir conductas riesgosas por la simple tusa; es decir, le dibujé un comic bastante trágico que, aunque puede no ser cierto en todos sus detalles, sirve para orientar y percibir cosas que pasamos por alto.

Por ese motivo le dije que Dios, en su sentido del humor, había creado el ornitorrinco, pues su ambigüedad evolutiva, como la del espía, que se nos hace patente, el hombre la lleva escondida en el alma. Se dice humano, pero a veces se comporta como un tigre feroz; de ahí el extraño caso del Dr. Jekyll y Hyde; se cree soltero, pero tiene responsabilidades de un sultán con su harén, por lo que tiene que trabajar más; se libera de algo, para esclavizarse de otra cosa; se dice libertador de los oprimidos a los que bombardea; corrompe el futuro de su revolución con la droga; es Perry el espía ornitorrinco, pero se cree 007, quien solo reporta a la Reina, etc. Y ese ser de ambigüedades escribe tratados que confunden, pero que él supone entendidos por los otros como si tuvieran la sabiduría infusa.

No entiende ese ser ambiguo que su madre, la honorable ambigüedad engendró el ornitorrinco de la información que se puede entender o interpretar de diferentes maneras, según el enfoque que se adopte. El medio ambiente político que guió sus primeros pasos evolutivos tiene mucha importancia en la eliminación o interpretación de las posibles ambigüedades; es decir, la misma información puede ser ambigua en un contexto y no serla en otro. El concepto ‘democracia’ se entiende de una manera en EE UU y de otra en Venezuela; la inquisición puede ser ‘santa’ o malvada según el operador político; a un acuerdo se le pueden colgar diferentes partes, como a un ornitorrinco, para que se llame acuerdo, o se parezca a otra cosa, como un golpe de estado disfrazado de jurisprudencia de avanzada, etc. El pato, la nutria, el pez, la culebra, Trump y el faisán de oro podrán ver al ornitorrinco como primo, pero no lo es: lo ven de acuerdo con su experiencia personal, sus deseos, sus intereses, su vocación de ser ‘animales’ ejemplares y diferentes aunque parecidos. De ahí los incomprensibles mensajes de la ‘ornipolítica’ habanera porque en nuestra realidad mental de democracia no cabe su engendro.

La interpretación también depende de la experiencia personal del receptor de la información, de modo que banco remite en primer lugar a una entidad financiera para una persona que trabaja en ese sector, pero a un tipo de asiento, para un carpintero; a menudo, se selecciona uno de los sentidos de una información ambigua sin siquiera darse cuenta que puede tener otros, de modo que cuando la experiencia del emisor es distinta de la del receptor pueden darse mensajes equívocos o incluso incomprensibles y pensar que se negocia la misma paz.

Los abogados ornitorrincos son una especie sui generis. Pueden decir que ‘negociaron la paz barata’ y esa intencional ambigüedad sintáctica puede servir para engañar tanto al del presupuesto nacional para el postconflicto, como enfurecer al que entiende que hay una paz de tercera categoría. Pueden hacerse los de la oreja mocha, pues si la Constitución del 91 dice:

“En tiempo de paz, solamente el Congreso, las asambleas departamentales y los concejos distritales y municipales podrán imponer contribuciones fiscales o parafiscales” ¿Estamos en tiempos de paz o de conflicto armado? Como estamos en tiempo de conflicto, según nos lo dicen los expertos, EL CONGRESO NO PUEDE IMPONER IMPUESTOS de acuerdo con lo que dice la Constitución. ¿Pasará Santos por encima de la Constitución, echando para atrás, para apoyarse en la cola como los canguros y darnos una patada estilo Hollywood?

En “Dos textos, la misma farsa: desarme de Farc” Eduardo Mackenzie llama “farsa”, palabra políticamente incorrecta, pero descriptiva, lo que yo llamo ambigüedad y otros se transarían por ‘vaguedad.’ Las tres son peligrosas. En su columna “¿Congresistas o borregos? Mauricio Vargas dice: “Hay de todo… sobre todo, una redacción abstrusa y por momentos laberíntica, que hace muy difícil sacar conclusiones claras.” Como cuando los exploradores occidentales vieron al ornitorrinco por primera vez en Australia.

En “Nuevo acuerdo final” Jorge Bustamante dice: “tuve el firme propósito de salir a defenderlo, tal como se lo manifesté a algunos amigos. Sin embargo, al leer puntos relevantes quedé sorprendido, pues no había coherencia entre lo escuchado y lo leído.” “Lo que dijo el Presidente es cierto, el NAF no quedará en el bloque de constitucionalidad, sino que es peor aún, ¡queda por encima de la Constitución!” Lorenzo madrigal en “Incapacidad de síntesis” señala los diferentes engaños y artilugios de Iván Márquez. Salomón Kalmanovits lo considera “un serio revés tanto para la reparación de las víctimas como para la construcción de Estado a las que se comprometió el Gobierno.” Ambigua la cosa como el ornitorrinco espía que trabaja para quién sabe quién, ni por qué.

Por mi parte conté 70 notas que hablan de cambios, acuerdos, ajustes, precisiones del ‘Nuevo Acuerdo final’; es decir, el ornitorrinco sigue campante; además dicen los biólogos políticos que, ‘afortunadamente’ no es una especie amenazada, por lo tanto el reino de la ambigüedad no se extinguirá.

¿Cómo reaccionamos entonces cuando enfrentamos algo que no comprendemos y parece entrar en conflicto con lo que ya creemos o entendemos, así sea un curioso animalito? Suponemos que el Acuerdo Final no es válido, pero Santos y las Farc se comportan como si lo fuera.

Veamos el lenguaje del ornitorrinco. El gran asesor dice: “tiene cambios sustanciales” pero “no es una ‘claudicación’ para las Farc (Léase: contentillo para las Farc) “El fast track no es un capricho, sino una necesidad para sellar la paz.” (¿Acaso no estaba ‘sellada’ en Cartagena y surgió el triunfo del No? ¿Puede controlar el ornitorrinco las diferentes variables del futuro?) “Este acuerdo es sustancialmente nuevo en el sentido de que… (Vienen las explicaciones de por qué es nuevo; luego no es nuevo, sino modificado.) Entonces viene un mensaje muy preocupante: “las Farc entendieron el mensaje del plebiscito” “Quiero reconocer a las Farc la disciplina de trabajo y la apertura para recoger el mensaje” Mi pregunta es: ¿Cambian esas actitudes ‘positivas’ del grupo terrorista, según el ornitorrinco, su renuncia a querer el poder? Ellos lo dicen, no lo digo yo. Luego mi pregunta no es paranoia.

Y sigue el ornitorrinco en relación con el Centro Democrático: “voces aisladas que hablan de un cambio cosmético” y “voces serias aceptan que los cambios son sustanciales” Pero el ornitorrinco no explica por qué algo es cosmético o sustancial.

Y viene la nueva joya de la corona del engaño creada por la mentalidad del ornitorrinco: La ‘fragilidad’ de la situación como chantaje mediático al referirse a los dos incidentes de la guerrilla que son objeto de investigación y que quieren relacionar con la responsabilidad del Centro Democrático al no acelerar según quieren Santos y las Farc. Cuando Santos anunció el peligro de la fragilidad me imaginé a un ‘paraco’ saboteador. Pero nadie habla del ‘saboteo’ que es producido por la naturaleza de las Farc. O son niños a los que hay que ‘aconductar’; o adultos responsables con los que se negocia; o criminales de los que se puede esperar cualquier cosa. Como en cualquier grupo humano hay de las tres clases y nuestra perspicacia como ‘observadores’ honestos, creo, debe ser: diferenciar para bien del país, cosa de no seguir tragando sapos innecesarios. Los incidentes reportados, se investigan porque NO HAY UNA RELACIÓN DE CAUSA – EFECTO entre ellos y ESTIRAR LA PITA, como se les ha dado por llamar las discusiones necesarias del supuesto nuevo acuerdo.

Analizar el lenguaje del ornitorrinco en el contexto que él mismo ha creado nos aclara una ley evolutiva: el transformismo en su adaptación al ambiente. El ornitorrinco usa las palabras para conseguir ese efecto. Cuando el entrevistador le pregunta: “¿Cuándo comenzarán a ser juzgados los guerrilleros con delitos graves?” El ornitorrinco se zambulle en el río y saluda desde la otra orilla. Y finalmente admite la razón de no haber contestado: “Nos hemos perdido en laberintos jurídicos olvidando la realidad.” (Fuente: “Hay que tramitar con urgencia las leyes de la paz.” El Tiempo)

Y sigue la mamadera de gallo: “el presidente Juan Manuel Santos llevará al Congreso el acuerdo de paz suscrito con las Farc a fin de que se pueda iniciar una discusión alrededor de lo convenido, sin que eso implique que se le vayan a hacer modificaciones.” Si no se puede modificar, ¿Cuál es el papel del Congreso? Si se discute para lograr el Acuerdo Nacional propuesto por Uribe, ¿sobre qué es ese acuerdo que supuestamente debe reflejar una más amplia participación que no se puede referir al NAF? ¿Acaso los legisladores no representan al pueblo?

Esa discrepancia entre lo que creemos que ocurrió con el plebiscito, lo que debe ser la justicia, la paz que queremos, lo que dice el ornitorrinco, y lo que Santos y las Farc pretenden, crea un malestar psicológico y emocional porque ejercemos el simple sentido común. Dicen por ahí que se está trabajando para reducir la discrepancia y crear un orden satisfactorio para todos que haga desaparecer la ambigüedad; eso es bueno, pero no podemos ignorar el dato externo de lo que las Farc pueden significar como amenaza para el sistema, haciendo un énfasis único sobre una paz imaginada. Pues así como el ornitorrinco puede tener una figura interesante, sabemos también que tiene veneno en las espuelas escondidas. Quizá entendamos entonces que la paz no es un asunto de imaginación o deseo, como tener a un ornitorrinco de mascota, sino de CONSISTENCIA REAL; es decir, que no nos pueda hacer daño, a pesar de ser interesante. Eso es lo que la mente busca frente a la ambigüedad. Por lo tanto, las dos preguntas que cada quien debe hacerse en relación con cualquier situación de ambigüedad en un acuerdo de paz, son:

¿Soy intolerante o sabio en relación con la ambigüedad porque veo en ella una fuente de amenaza? ¿Es mi contraparte un aprovechado o ignorante porque ve la ambigüedad como deseable? Para eso creó Dios al ornitorrinco para que entendiéramos las ventajas y desventajas de la ambigüedad. Cuándo es sabio ser ambiguo o aceptarlo, y cuándo no; porque ‘el otro’ está también dentro de mí. Y hay que diferenciar cuándo estás enfermo, de una manera ‘especial’, porque el oído oye lo que quiere y las cuerdas vocales dicen lo que les da la gana; y cuándo hay que ir a ver al médico del oído y la garganta. Porque el ornitorrinco y el otorrinolaringólogo no son parientes; uno es un animal que puede poseerte si te descuidas, y el otro un médico que te sana. Si estás poseído por un ornitorrinco, piensa en el consejo que Dios le dio a Adán. Si estás sordo al consejo de tus amigos, ve al médico. A lo mejor es un caso de necesidad de limpieza auditiva y no de psiquiatra.

FCPPC, Noviembre 28 de 2016.

Publicado en Columnistas Nacionales

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