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Ariel Peña         

El próximo 17 de marzo se realizará un Paro Nacional en Colombia, convocado por las centrales obreras CGT, CUT y CTC, acompañadas por las asociaciones de pensionados y organizaciones sociales y populares. La justeza de esta protesta se circunscribe a la difícil situación social y económica que vive el país y que afecta a las mayorías nacionales, por las políticas antipopulares del gobierno.

El Paro Nacional que convocan las organizaciones sindicales será pacífico, pluralista y democrático, mediante un pliego de peticiones: el incremento del salario mínimo, la reducción de los aportes de los pensionados a la salud del 12% al 4%, la disminución de los precios de los combustibles, congelación de los productos de la canasta familiar, cumplimiento por parte del gobierno de los acuerdos firmados con las organizaciones campesinas y de camioneros, el rechazo a la venta de Isagén y la condena a la corrupción en Reficar, así como un no rotundo a una reforma tributaria que lesione a los sectores populares.

Algunos grupos de la llamada izquierda orientados por el totalitarismo comunista, han pretendido que al Paro Nacional se le cuelguen las negociaciones de La Habana lo cual es un exabrupto, porque los intereses de los trabajadores y del pueblo en general son diametralmente opuestos a las intenciones de la narcoguerrilla de las Farc, quien intenta usar con sus correligionarios torcidamente la protesta social, que es un instrumento de las masas para las reivindicaciones inmediatas e históricas.

El sector de los mamertos con todos sus aparatos y siglas, ha buscado que la jornada de protesta sea una especie de huelga política general al estilo leninista, esperando un día de suerte para pescar en rio revuelto cayendo en el aventurerismo. Pero el movimiento sindical ya es bastante maduro y no se deja llevar por los cantos de sirena de organizaciones extremistas que no les interesa luchar por solucionar los problemas sociales y económicos de la población, sino buscar mediante la violencia y las patrañas el poder político para oprimir al pueblo.

La convocatoria del Paro fue planteada desde un comienzo por parte del presidente de la CGT (Confederación General del Trabajo), Julio Roberto Gómez, a raíz del pírrico incremento del salario mínimo del 7% que hizo el gobierno para el 2016, y desde entonces se han sumado distintas organizaciones sociales y sindicales que contribuirán decisivamente al éxito de la jornada del 17 de marzo cuya duración será de 24 horas.

La lucha del movimiento de los trabajadores no puede ir a la zaga de las negociaciones de La Habana. Como se ha dicho en reiteradas ocasiones las Farc nunca han representado ni representan los intereses del pueblo, pero sí utilizan a las personas como masa de maniobra para satisfacer sus ambiciones burocráticas. Entonces graduar de enemigos de la paz a partidos políticos o movimientos que tienen reparos a los diálogos de Cuba en cuanto a la impunidad y dejación de las armas por parte de la banda armada de las Farc es un adefesio.

Porque los verdaderos enemigos de la paz están en el negocio del narcotráfico, los contrabandistas de armas y las guerrillas que rechazan la democracia y solamente la utilizan de comodín para llevar a cabo sus torvos planes, y montar una dictadura comunista fundamentada en la ideología nefasta del marxismo leninismo. Lo que significa que en La Habana se debe buscar únicamente ponerle fin al conflicto político militar de 51 años , y de ninguna manera se pueden tomar esas negociaciones de forma omnímoda, pues la paz social se conquista con la acción sindical y popular.

El pliego de peticiones que le presentarán las centrales obreras al gobierno debe ser sucinto, con peticiones especificas como las enumeramos anteriormente, porque los de la secta marxista querían que como punto principal se le diera un respaldo incondicional a las negociaciones de La Habana presionando al ejecutivo para que claudique frente a los terroristas. Pero las centrales obreras no se prestaron para semejante tramoya, y el paro del 17 de marzo será realista y reivindicativo; ya que el sindicalismo colombiano no se puede dejar manosear de los extremistas comunista que tanto dolor le han causado al pueblo colombiano con sus actos de vesania. De ahí que el éxito del 17 de marzo se fundamenta en la participación amplia de las diferentes organizaciones de la sociedad civil.

Publicado en Columnistas Nacionales

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